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David Alfaro Siquerios Arte y revolución

Escondido entre las grandes imágenes de Diego Rivera y Frida Kahlo, encontramos a José de Jesús Alfaro Siqueiros, mejor conocido como David Alfaro Siqueiros, quien nació en Chihuahua el 29 de diciembre de 1896 y murió en Cuernavaca el 6 de enero 1974. Él, al igual que los otros dos mencionados, fue un pintor mexicano gran exponente del muralismo mexicano y del pensamiento revolucionario. Se le atribuye la estética expresionista y la retórica declamatoria por su condición de radical político, unió en su pintura la tradición mexicana, el surrealismo y el expresionismo.

Con apenas 17 años, en 1914, se enroló en el ejército constitucionalista, es decir, se unió a la Revolución mexicana. Sobre ésta época declaró que descubrió “las masas trabajadoras, los obreros, campesinos, artesanos y los indígenas… (y sobre todo), las enormes tradiciones culturales de nuestro país, particularmente en lo que se refiere a las extraordinarias civilizaciones precolombinas”.

Por tanto, la época de la revolución lo marcó mucho como persona pero también el viaje que hizo a Europa en 1919. Pareciese que la suma de ambas experiencias dio paso a su estilo puesto que unió elementos de ambas. Por esa época escribió un manifiesto que publicó en la revista Vida Americana en 1921 y decía:

“¡Cómo principio ineludible en la cimentación de nuestro arte, reintegremos a la pintura y a la escultura sus valores desaparecidos, aportándoles a la vez nuevos valores! ¡Como los clásicos, realicemos nuestra obra dentro de las leyes inviolables del equilibrio estético!; como ellos, seamos hábiles obreros; volvamos a los antiguos en su base constructiva, en su gran sinceridad, pero no recurramos a “motivos” arcaicos que nos serán exóticos; ¡ vivamos nuestras maravillas época dinámica\, amemos la mecánica moderna que nos pone en contacto con emociones plásticas inesperadas; los aspectos actuales de nuestra vida diaria, la vida de nuestras ciudades en construcción”. 

Sus relaciones con el gobierno se vieron afectadas por su afiliación al Partido Comunista de México, el hecho de pertenecer al Sindicato de artistas (que ayudó a fundar) y su periódico El machete, que daba cuenta de sus ideales y su posición frente la política oficial. Dejó de recibir encargos por todo esto a partir de 1924 y en respuesta, decidió dedicarse completamente a la política.

Seis años después reinició su vocación artística pero la militancia determinó su vida entera. En esa época pasó varios meses en la cárcel por participar en las manifestaciones del 1 de mayo y fue mandando al exilito interior en Taxco. En 1936, al igual que muchos otros intelectuales del mundo, participó en la guerra civil española del lado de la república. En 1940 estuvo desterrado en Chile por su lugar en el asesinato de Trosky en 1960 fue enviado a la cárcel por promover la “disolución social”, en esa celda pintó más de doscientas obras. Fue después de todas éstas horribles experiencias que llegó a su última obra: Marcha de la Humanidad en América Latina hacia el cosmos.

Su obra se caracterizó por la relación que veía en el socialismo revolucionario y la modernidad tecnología. Estaba convencido de que el reinvento del arte no solo era el contenido de sus imágenes sino la misma creación estética y tecnológica que estuviera en consonancia con los contenidos. Su deseo fue crear una pintura mural experimental e innovadora.

Parte de su creatividad residió en lo que llamó “arquitectura dinámica” que correspondía a un conocimiento muy amplio de las construcciones para así poder pensar desde los futuros espectadores la imagen de su mural y los puntos focales de su composición. Llegó a formar un Taller Experimental en Nueva York en 1936 donde intentaba encontrar su punto exacto entre arquitectura, pintura y escultura además de su relación con métodos y materiales. Fue en éste taller donde se vio por primera vez el “accidente pictórico” que luego habría de ser emblemático en el expresionismo abstracto americano.

Una de sus obras más significativas fue el mural que hizo en la sede del Sindicato Mexicano de Electricistas titulado Retrato de la burguesía, donde intento recoger todo lo aprendido en su taller y en su experiencia de guerra.

No todo fue tiempo en la cárcel, David Alfaro Siqueiros recibió el Premio Lenin de la paz en 1966 y también el Premio Nacional de Bellas Artes de México. Algunas fuentes lo definen como:

“Él no sólo fue un pintor, sino un organizador sindical, soldado de dos revoluciones y defensor de la democracia, quien a través del muralismo reinventó el arte hasta volverlo público para redescubrir la identidad del pueblo mexicano”.

Finalmente, David Alfaro Siqueiros murió el 6 de enero de 1974, en compañía de su inseparable Angélica Arenal Basta con quien estuvo desde la Guerra Civil Española. Días antes de su muerte donó su casa en Polanco al pueblo de México, esa casa la había utilizado como sala de arte público y museo de composición de pintura mural.

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